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Harto de Ingrid
Por Guillermo Casanova
Recuerdo DEMASIADO claro, cuando Ingrid se adentró en la selva y fue secuestrada, que a ella se le advirtió que no lo hiciera. Pero su condición de izquierdista ex-pro-FARC, y su terquedad y soberbia, hicieron que ella no hiciera caso. Años después, se convirtió en el símbolo de los secuestros de las FARC, ¡qué ironía!
Cuando fue liberada agradeció al “glorioso ejército” de Colombia. Pero luego, ya lejos de Colombia, pide a Uribe “que deje el lenguaje de odio contra las FARC” y dice en Francia que le debe “todo” a ese país por su liberación… Para colmo, su desagradecimiento la lleva a contactar a Chávez para que este siga entrometiéndose en los asuntos de Colombia; intromisión abiertamente a favor de quienes la secuestraron, pues Chávez siempre ha querido el triunfo de sus aliados, los terroristas de las FARC, para ampliar su deseado imperio comunista en el continente suramericano.
Pero la señora Ingrid, al agradecer al ejército de Colombia, tiene que pensar en que ese ejército, está en manos del “lenguaje de odio hacia las FARC” de Uribe y Santos. Que es gracias a ese “lenguaje de odio”, que por cierto, no es comparable con el lenguaje de odio de Chávez hacia la democracia Colombiana, Uribe, el ejército colombiano y el ministro Santos, que ella fue rescatada y que las FARC han sido diezmadas hasta el punto de hacer posible una verdadera negociación para la paz en Colombia.
¿Qué quiere la Ingrid? ¿Que Uribe ceda ahora que ella está liberada? ¿Qué va a suceder con los otros cientos de secuestrados si Uribe cede?
Las FARC SON terroristas. Asesinan personas; soldados, policías, políticos y a inocentes.
Las FARC trafican drogas.
Las FARC reclutan, a la fuerza, a mujeres, niños, campesinos para que peleen en sus filas.
La gran mayoría del pueblo Colombiano, no quiere a las FARC, ni al ELN, ni a las AUC. Colombia quiere paz, progreso, democracia y prosperidad. Y es gracias a Uribe que, en gran parte, esto último es posible en Colombia.
No es tiempo para que Uribe ceda. No hay que darle concesiones al Terrorismo. La única condición es el desarme, la paz y que entren en la arena política de manera democrática. Pero que también paguen por sus crímenes. Porque las muertes, los secuestros, el tráfico de drogas, la destrucción de caseríos enteros… no son crímenes que pueden quedar impunes.
Y a Ingrid Betancourt… que se quede en Francia callada la boca, o se vaya a Colombia a luchar junto a Uribe, Santos, el ejército y las policías bajo sus mandos; los verdaderos protagonistas de lo que está sucediendo en Colombia. Y no cómodamente invitando a otros países que han actuado a espaldas del gobierno de Colombia como Francia, Suiza, Ecuador y la Venezuela chavista a que hagan lo que Uribe está haciendo muy bien.
FARC, la hipocresía de las liberaciones
Por Guillermo Casanova
Copio este excelente artículo extraído de la página: AIPEnet.com
FARC, la hipocresía de las liberaciones
por: Saúl Hernández Bolívar*
Medellín (AIPE)- En cuanto a la liberación “unilateral” de secuestrados por parte de las FARC, hay que hacer algunas precisiones. En primer lugar, no es acertado hablar de avances o de eficacia en la mediación del dúo Chávez-Piedad Córdoba. Los resultados de su intermediación, si bien son tangibles, carecen de mérito por cuanto es la guerrilla la que ha decidido esta vía a cambio de ciertos beneficios, como son la interlocución con gobiernos extranjeros y el que uno de ellos abogue por el levantamiento del estatus de beligerancia y les otorgue tratamiento de fuerzas políticas no terroristas. Además, luego de un sinnúmero de manifestaciones de mutuo respaldo —e incluso de admiración—, es obvio que las FARC prefieran hacerle gestos de “desagravio” a su amigo venezolano en vez de mostrar impotencia ante un archienemigo que, al frente del Estado colombiano, los ha reducido notoriamente.Por cierto que no puede hablarse tampoco de liberaciones “unilaterales”. Como el mismo presidente Uribe lo recordó, el gobierno colombiano liberó por su propia iniciativa un grupo de 27 subversivos presos en diciembre de 2004, y el año anterior liberó un grupo mayor, de 125 guerrilleros, incluido el llamado ”canciller de las FARC”, Rodrigo Granda, un verdadero pez gordo que ganó la calle gracias a la injerencia del presidente Sarkozy sin que hasta ahora se haya visto retribución alguna al hablar las FARC de liberaciones “unilaterales” y “desagravios” al teniente-coronel Chávez cuando es el gobierno colombiano el que ha liberado sin condiciones.
De otra parte, el espectáculo armado para las liberaciones es francamente grotesco. Más allá de entender el shock que puede sufrir una persona al terminar un secuestro de seis años, y de que probablemente sea coaccionada para “manejarse bien” en los últimos minutos del cautiverio, es claramente degradante ver a uno de los secuestrados, en este caso a Gloria Polanco, agradecer con excesiva generosidad a sus captores por su liberación y hasta mostrarse enternecida por las flores que le entregaron para poner en la tumba de su marido, ¡al que ellos mismos asesinaron! Es una muestra de indignidad que zahiere a toda una sociedad que ha sido víctima de las bellaquerías de estos asesinos durante tantos años, y que se presta para que esta horda de salvajes siga apareciendo ante el mundo como una orden de monjes misericordiosos. Acaso sea por todo lo contrario de esta actitud sumisa, que Íngrid Betancourt recibe maltratos de sus captores, de acuerdo con las declaraciones de los liberados. Conociendo su rebeldía característica, es imposible imaginar a Íngrid agradeciéndoles por nada a estos sayones pero “vivir para ver”, dice el refrán, y con tal de salir del confinamiento un secuestrado hace y dice lo que sea.
A esto se suma el consecuente chantaje acerca del estado de salud de quienes siguen en la selva, el cual no es refrendado por la buena condición física de quienes salen. Hay que aclarar que esto no resta gravedad al crimen, son secuestros de largos y tortuosos años en condiciones infrahumanas, encadenados a los árboles o encerrados en alambradas de púas. Sin embargo, inicialmente se anunció la liberación de Consuelo Perdomo y Clara Rojas por razones de salud, pero el país se sorprendió al verlas llegar maquilladas y peinadas, con un aspecto muy distinto al de secuestrados que se fugaron del cautiverio, como Fernando Araujo y John Frank Pinchao.
A los últimos liberados, afortunadamente, se les ve en buen estado a pesar de que se rumoraba acerca de su franco deterioro. La señora Polanco está bien físicamente —¿será eso lo que tanto agradece?—; Orlando Beltrán luce robusto y colorado aunque dice haber perdido cerca de 30 kilos; Luis Eladio Pérez está más fuerte que un roble a pesar de un supuesto “ataque cardiaco —tratado con una aspirina, según dice—, tres comas diabéticos y la parálisis de un riñón”; en tanto que Jorge Eduardo Gechem luce un poco maltrecho pero no es el moribundo que nos pintaban, gracias a Dios.
Esto viene a colación porque se está tratando de presionar al gobierno de Colombia para que haga lo que sea con tal de salvar a Íngrid, quien supuestamente estaría al borde de la muerte. El problema es que les está pasando lo del pastorcito mentiroso y esa fórmula ya la desgastaron, no hay quien la crea. Claro que no es improbable que ella muera en cautiverio, siendo sus captores los únicos responsables de un desenlace fatal. A pesar de todo, los recién liberados no tienen derecho de venir a politiquear con un tema al que los colombianos le cerramos la puerta el 4 de febrero: no al despeje, cero concesiones. Los canjeables no son las únicas víctimas de las FARC y no puede permitirse que sean usados como armas contra el resto de los colombianos, a quienes la guerrilla no despide con falsos abrazos y besos de Judas sino con tiros en la nuca.
___* Periodista y escritor colombiano.









