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La caja negra no es un show
Por Guillermo Casanova
¿Por qué será que a tantos funcionarios públicos les gusta “figurar” en lugar de ser eficientes? Ayer se encontraron las dos cajas negras del avión estrellado en el Páramo del Conejo en Mérida. Eso está muy bien, es buena noticia, pero no es un show. No es para que el presidente del Instituto Nacional de Aeronáutica Civil, Ramón Viñas, lo anunciara frente a una veintena de micrófonos y unas cuantas cámaras fotográficas y de TV, levantando en sus manos una de las cajas como si se tratara de un trofeo ganado por su organismo.
En realidad sí es un objeto valioso, muy valioso, pero no es un trofeo, no se ganó en ninguna competencia. Es una evidencia esencial para saber qué sucedió en el avión o alrededor de él, para que se estrellara. Es un objeto, o son objetos, que pueden ayudar a determinar defectos de los aviones o de los pilotos y evitar futuros accidentes.
¿Acaso el señor Viñas no sabe que ya estas cajas negras están gravemente golpeadas y que pudiera ser que no funcionen? Eso lo sabe cualquiera que trabaje con estas herramientas.
La función del señor Viñas, no es mostrar las cajas negras a la prensa, vestido con el típico chaleco y la franela roja. La función del señor Viñas es anunciar que las cajas fueron recuperadas y que están dónde deben estar; en manos de expertos y bajo los cuidados necesarios para que no sufran más daños.
Pero el señor Viñas prefiere el show, prefiere el “heroísmo” del momento. Pues señor Viñas… no hay heroísmo posible en estas circunstancias. Sólo queda hacer el trabajo que hay que hacer y me consta que lo están haciendo. Desde muy temprano hoy, he escuchado a los helicópteros salir desde Mérida y a cada rato los vuelvo a escuchar.
Me temo que en todo lo que se ha sabido públicamente, señor Viñas, su gesto ha sido una mancha negra. Aunque la suya no se compara con la de Hugo Chávez quien se encadenó por Radio y TV para defender su mentira de un plan de salud existente en Venezuela y apenas mencionó lo del avión, dónde por cierto, iban funcionarios de su gobierno. Como siempre, Chávez insensible ante el dolor ajeno y sólo pendiente de su imagen y poder.









