La Venezuela de Chávez
Por Guillermo Casanova elJul 19, 2005 | EnPolítica | 1 reacción »
Por Scott Johnson
Este artículo de la Revista Letras Libres fue recomendado desde Mexico por AUS. El artículo es parte de una serie de escritos bajo el nombre de "Venezuela: Palos a la democracia"; es especialmente bueno para quienes no conocen la realidad actual venezolana.
Haciendo gala de todos los recursos del periodismo norteamericano, Johnson viajó a Venezuela y habló con gente común y líderes políticos, con académicos y empresarios, con opositores y fieles al gobierno, para construir este reportaje coral sobre las visiones contrapuestas en aquel país.
Iris Fundora es una mujer pulcra y severa con una gruesa trenza de cabello rizado y un levísimo trazo de bigote. Cuando la conocí, Iris se hallaba cómodamente reclinada en su silla, en una clínica provisional de Caracas donde trabaja como doctora. Era un día húmedo y, en la sala de espera, algunas mujeres abanicaban a sus bebés con sus manos o con folletos informativos de vivos colores que yacían dispersos en el suelo. Desde un baño sin puerta emanaba un olor a orina y pañales sucios.
Esta clínica fue antes una estación de policía, una construcción de dos habitaciones que corona la carretera que en ella termina y el cerro en cuya cima se encuentra. En 2003, el gobierno donó la construcción a un programa llamado Barrio Adentro, que proporciona servicios de salud a millones de venezolanos pobres. El edificio es blanco y sencillo, el frente está adornado con una imagen de la Virgen María hecha con ramas. Afuera, unos cuantos hombres esperan en cuclillas bajo la sombra y fuman. Desde allí, podrían ver la extensa carretera que serpentea hacia el corazón del barrio Los Frailes —a través de filas de apartamentos que se apilan uno sobre otro, a través de estancos donde se sirve expresso en tazas del tamaño de un dedal y botellas gigantes de Coca-Cola, a través del humo de una camioneta que espera ahuyentar a un hato de viejas— y más abajo, hacia el fondo del valle, donde las cuestas de Caracas se yerguen como piernas de las nubes en el cielo de la mañana. En cada una de las dos habitaciones, un doctor cubano se ocupa auscultando a los pacientes. Iris Fundora es uno de esos doctores y, cuando la conocí, había trabajado en ese lugar durante casi un año.
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