La Venezuela de Chávez
Por Guillermo Casanova elJul 19, 2005 | EnPolítica | 1 reacción »
Al mismo tiempo, con el fin de impulsar estos programas —y de asegurar que los beneficios políticos generados permanezcan a su favor—, Chávez ha comenzado a exponer abiertamente sus tendencias autocráticas. La inclinación de Chávez por seguir los pasos de otros caudillos latinoamericanos de la vieja escuela es ya notoria. Pero a últimas fechas el chavismo ha tomado un marcado giro negativo. Teodoro Petkoff es editor del diario satírico Tal Cual. Como muchos de los críticos más prominentes de Chávez, Petkoff es un izquierdista de la vieja escuela. Era amigo del vicepresidente de Venezuela José Vicente Rangel, objeto de un desdén particular por parte de la oposición de izquierda, según la cual Rangel traicionó sus raíces al alinearse con el gobierno populista de Chávez. Petkoff ha publicado editoriales mordaces y feroces sobre casi todos los aspectos del gobierno de Chávez. Incluso el periódico que dirige es producto de sus políticas. Hace cinco años, Petkoff tuvo que dejar otro periódico, El Mundo, por sus críticas al gobierno. Sin embargo, el tema que más enoja a Petkoff es "La lista Tascón", o lo que en Venezuela se conoce como "la lista".
En 2003 y 2004, millones de venezolanos firmaron peticiones. Un "sí" significaba que el firmante quería el referendo y, en la mayoría de los casos, votaría en contra de Chávez. Un "no" implicaba un voto por el gobierno. Hoy día, las paredes, los edificios y las carreteras de Caracas están llenas de la palabra: la simple palabra
"no" —como un presagio— está garabateada por todos los muros de la ciudad. Después de la votación, el gobierno conservó las listas de la gente que había firmado las peticiones pidiendo el referendo. En lo subsiguiente, unos cuatro millones de nombres fueron compilados en una lista maestra que ahora el gobierno está usando como herramienta defensiva de facto. Según Petkoff, este suceso es el giro más peligroso de la época chavista. "Es fascismo nazi puro. Uso el término fascismo nazi porque esto va más allá de la tradición venezolana. Claro, siempre ha habido abusos, abusos institucionales, pero esto va mucho más lejos. Es una especie de apartheid político. Mira, yo soy un hombre de izquierda. Soy crítico de Chávez, aunque no me opongo a él de manera tan visceral como otros. Pero esto es una monstruosidad." Recurriendo a esta lista, el gobierno ha negado a miles de venezolanos un empleo conveniente, por la simple razón de haber firmado la lista y haberse convertido así en personas incapaces de desempeñar un puesto gubernamental. A otros se les han negado pasaportes o documentos de identidad. A través de la lista, el gobierno ha alcanzado lo más profundo de la vida de los venezolanos comunes, de una manera que pocos conocen. La lista también ha servido para polarizar más a la sociedad. En la carrera hacia el referendo, el gobierno anunció que quienes habían firmado la lista podían pedir que sus nombres fueran borrados. El gobierno llamaba a estas personas "los arrepentidos". Hoy día aún existe esa opción, pero tiene un precio, y lo de quitar el nombre de la lista es ahora un negocio familiar entre los funcionarios del gobierno. Sin embargo, en lugar de compensar a quienes firmaron la lista, el gobierno les ha otorgado un sobrenombre, una especie de apodo para los antirrevolucionarios. Chávez los llama los "escuálidos" o "sucios".
El gobierno también ha tomado represalias en contra de presuntos traidores al régimen. María Corina Machado fue una de las principales organizadoras del frustrado voto de destitución en agosto pasado. Pero cuando el gobierno descubrió que había recibido 31,000 dólares de la Fundación Nacional Estadounidense para la Democracia (us National Endowment for Democracy), la acusó de traición y de "haber conspirado para destruir la naturaleza republicana del país". Esta fundación ayuda a financiar movimientos democráticos en todo el mundo, como recientemente en Ucrania, pero también ha otorgado fondos a grupos prochavistas en Venezuela. No obstante, de ser condenada, Machado podría pasar hasta dieciséis años en prisión.
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La lista es simplemente un síntoma de lo que muchos críticos ven como la opresión absoluta sobre las instituciones más sagradas del país. Los medios se encuentran bajo un ataque particular. En diciembre, el Congreso aprobó la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. Aunque su objetivo aparente es proteger de contenidos obscenos a los niños, este ordenamiento ha limitado significativamente las libertades de los medios. Dicha ley permite imponer castigos a cualquiera que, desde la perspectiva del gobierno, incite al "odio" o a la "rebelión militar". Ahora el Congreso está debatiendo una reforma al código penal que, de ser aprobada, podría institucionalizar restricciones aún más severas. Esta reforma considera una sentencia de doce meses de cárcel por calumnia. Los periodos de cárcel por calumnia aumentarían de dieciocho a 48 meses. Cualquier intento de "causar pánico", incluidos los correos electrónicos, podría resultar en cinco años de cárcel. Una vibrante fábrica de rumores en Caracas produce informes de abusos casi a diario. El más reciente versa sobre un proyecto de ley actualmente en el Congreso que cambiaría de manera radical la naturaleza del sistema educativo en el país. Entre las propuestas está la introducción, en los sistemas escolares de primaria y secundaria, de "supervisores itinerantes" cuya labor sería garantizar la correcta enseñanza del mensaje revolucionario de Chávez. Otra exigiría que los maestros de algunos niveles tomaran un "curso revolucionario". La universidad gratuita más grande y la más apreciada por Chávez, la Universidad Bolivariana, tiene por rector a un militar y quince de los directores principales son asimismo figuras militares.
Chávez también ha atacado la autonomía del Poder Judicial. En mayo de 2004, presionó al Congreso para aprobar una ley que aumentara el número de jueces de la Suprema Corte de veinte a 32, con lo que pretendía básicamente llenar la Corte con jueces cuyos votos estuvieran asegurados. De esos doce jueces, ninguno es un jurista de la altura que definió a los magistrados anteriores. Uno de ellos arrastra una sentencia criminal. Mientras que los nombramientos a la Suprema Corte solían requerir una mayoría de dos tercios en el Congreso para su aprobación, el Congreso dominado por el mvr requiere sólo mayoría relativa. El mes pasado, en una decisión fundamental, la nueva Corte sentenció que las decisiones de la antigua Suprema Corte podrán ser revaloradas bajo la nueva disposición prochavista de este tribunal. La ley se aprobó con el fin de volver a enjuiciar a los generales que encabezaron el golpe del 11 de abril. El efecto de esta decisión fue nulificar la protección contra el doble enjuiciamiento, un principio judicial inamovible en el mundo occidental. Un juez elegido recientemente sugirió hace poco que la Constitución venezolana de 1999 se enmendara para eliminar los límites de periodo de los presidentes en turno, permitiéndoles así reelegirse por tiempo indefinido.
Javier Elecheguerra era procurador general de Chávez hasta que fue echado del gobierno hace un par de años. Le pregunté qué significaban los cambios al Poder Judicial. "Ya no existe un Poder Judicial independiente —suspiró—, ya ni siquiera existe una pretensión de autonomía en nuestro sistema. Está completamente controlado por el gobierno, de arriba abajo, y la figura central en toda la estructura es Hugo Chávez."
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Mucha gente me ha dicho que si Chávez ha tenido logros, éstos han consistido en poner a la gente a hablar de política. En realidad, es más que eso. La revolución de Chávez ha politizado a la sociedad en formas que nadie imaginaba posibles. Algunas familias se han dividido por diferencias políticas. Algunas amistades se han perdido durante discusiones sobre Chávez y su revolución. Una noche cené en casa de Fernando Rodríguez y su esposa, Carolina. Rodríguez es editor en Tal Cual. Carolina estaba en la cocina preparando una cena tradicional venezolana y desde el cuarto de atrás se escuchaban los graznidos de varios pájaros tropicales. Una parte de su sala es abierta, de modo que en la estación de lluvias el agua cae en la sala y fluye hacia un desagüe en el piso de loseta azul. Cuando eso ocurre, Fernando y Carolina simplemente mueven la mesa a otra parte de la sala y esperan que termine la tormenta mientras comen.
"Nunca antes había tenido esta sensación —dijo Fernando, que fuma cajetillas enteras de cigarros Kent y mide sus palabras de acuerdo con sus inhalaciones—, nunca había sentido este tipo de odio. La gente ya no se habla. Ya no se saluda en la calle. Existe un nivel elevado de odio, entre las familias, incluso entre parejas." Le pregunté a Fernando sobre la reacción personal de la gente frente a Chávez. "Es como si hubiéramos estado viviendo en una especie de locura frenética durante años. En cierto modo, todo tiene sentido. Por un tiempo, la gente comenzó a decir que no quería hablar de Chávez, pero terminó hablando de él más que nunca. El tema ha bloqueado nuestras mentes por completo."
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